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The Fall: El sueño de Alexandria de Tarsem Singh


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

«¿Sabes lo que significa épico?»

Pregunta de Roy a Alexandria en The Fall.


Dos consagrados directores provenientes del mundo de la publicidad y los videoclips, David Fincher y Spike Jonze, se prestan a presentar el trabajo de Tarsem Singh, un director indio que ya había demostrado sus dotes para con la imagen en su primera película, La Celda (The Cell, 2000), un thriller surrealista y onírico que despuntaba por su imagen, puesta en escena, vestuario y maquillaje. Y es que, al igual que sus padrinos, Tarsem Singh también se consagró dentro del mundo de la publicidad, trabajando para marcas multinacionales y haciendo videoclips para grupos de música como R.E.M (Losing my religión, 1991), cosechando un buen puñado de premios dentro de ambos mundillos. El director de Perdida (Gone Girl, 2014), entre otras, David Fincher, se refirió a The Fall: El sueño de Alexandria (The Fall, 2006) del siguiente modo: “¿qué habría pasado si Andréi Tarkovski hubiese hecho El mago de Oz?”. No es una aseveración casual; y es cierto que tanto de sus declaraciones como de las imágenes que podemos ver durante el metraje se desprende el magnetismo que el genio ruso lograba en sus películas, especialmente en Andrei Rublev (1966), homenajeada con el modo en el que Singh pone en escena los caballos, en diferentes planos.


Cartelería internacional de The Fall: El sueño de Alexandria.


La película comienza con la típica fórmula del cuento de hadas —“Unce upon a time…”, “Había una vez…” o “Hace tiempo, mucho tiempo…”—, dejando claro desde el principio que nos aventuramos en el fértil terreno de lo imaginario y la fantasía. Nos situamos en Los Ángeles, en 1920, donde una pequeña niña inmigrante llamada Alexandria ha sufrido un accidente laboral recolectando naranjas junto a su familia. Allí es presa del aburrimiento hasta que conoce a Roy, un especialista de acción que permanece en el hospital postrado en cama tras saltar a caballo desde un puente buscando impresionar a una actriz del Hollywood en el que trabaja. Ambos sufren una caída, de ahí el título de la película. Roy le contará a la niña una asombrosa historia que la encandilará, surgiendo algo más que amistad y haciendo que la niña haga cualquier cosa por él. Roy sembrará su relato de retazos improvisados de realidad, siendo la niña la que utilice los rostros conocidos para dar forma al universo de bandoleros y españoles odiosos que lo habitan.

Hay que atribuirle gran parte del mérito a la desconocidísima película búlgara Yo ho ho (1981) del director Zako Heskija, ya que sobre ella se edifica el guión de la trama, siendo The Fall: El sueño de Alexandria un remake fiel al original, y estando presentes la gran mayoría de situaciones y personajes. Tarsem Singh y sus guionistas tuvieron que añadir un componente que le otorga autenticidad a cualquier película protagonizada por niños: la improvisación. La actriz protagonista, Catinca Untaru, de nacionalidad rumana, nos muestra una actuación/no actuación, y me explico: durante gran parte del metraje el director indio tuvo que hacer gala de infinidad de trucos en cuanto a la dirección de actores; el más laborioso fue mentir a Catinca haciéndole creer que el actor protagonista, Lee Pace, era en realidad minusválido; también tuvo que cambiar infinidad de diálogos debido a la mala pronunciación del inglés que tenía la niña; por otra parte, ocultó las cámaras para aprovechar al máximo la naturalidad de sus gestos; haciendo la cámara invisible afloraba una niña en estado puro. Ejemplos de esto último ya se habían visto previamente en Los 400 golpes (Les 400 coups, 1959) de Fraçois Truffaut —con el pase cinematográfico a unos niños embaucados ante las imágenes en movimiento y que Singh también homenajea— o en la película francesa Ponette (1996), dirigida por Jacques Doillon, de la cual aprendió lo importante del seguimiento e improvisación en el rodaje con niños.


Roy (Lee Pace) y Alexandria (Catinca Untaru) son la pareja de aventureros hospitalarios. La imaginación les hará sobrellevar sus respectivos accidentes, encontrando en el otro una manera de huir de la monotonía y del desengaño.


Pero ante todo, The Fall: El sueño de Alexandria cautiva al espectador por su increíble fotografía, siendo tildada por algún crítico de renombre como “orgiástica”. El virtuosismo de la imagen, clara y profunda, ajena a cualquier elemento creado por ordenador, acompañada por los parajes más bellos de nuestro planeta y de los coloristas e imaginativos diseños de vestuario, modelan el etéreo cosmos de la imaginación y lo proyectan directo a nuestras retinas para vivir la experiencia de asistir a una belleza sin trampa. Experiencia similar a la lograda por el documental de Ron Fricke Baraka (1992) y el posterior Samsara (2011), con los que coincide en parajes pintorescos y su muestreo antropológico. Tarsem Singh maneja con maestría la composición en el plano, ayudándose a menudo de la arquitectura, y encandila con el uso de la cámara lenta, ya sea en color, como en la introducción en blanco y negro perfectamente acompañada por el segundo movimiento de la Sinfonía nº 7 de Beethoven. Este inicio y la cajita de recuerdos que atesora Alexandria nos mostrarán multitud de pistas que nos ayudarán, poco a poco, a componer la historia imaginaria en la que se embarcan. El paso entre el mundo real y el narrado se consigue gracias a la utilización del montaje formal, a través de fundidos encadenados en los que una mariposa puede llegar a convertirse en una isla desierta en medio del océano, o el rostro de un clérigo en el relieve del paisaje. Para conseguir semejante resultado el director necesitó 17 años, desde que empezó el guión hasta el rodaje de las últimas localizaciones, haciéndonos viajar por más de 24 países.

The Fall: El sueño de Alexandria nos contrapone más de un mundo, además del real con el imaginario, como el de los adultos con el de la niñez. La fantasía contra la madurez; el afrontamiento ante la tragedia de una niña huérfana de padre contra el pesimismo suicida de Roy ante el desengaño amoroso. Ambos personajes se complementan, se necesitan, se ayudan de una manera más profunda que la simplemente lúdica. La historia del Bandido Azul contra el Gobernador Odio cataliza la necesidad de escapismo y de hacer volar la imaginación para huir del tedio o de la angustiosa realidad de un futuro sin amor y sin piernas. Roy se convierte en el narrador de esta epopeya siendo uno más de los que, desde los albores de la humanidad, han transmitido oralmente los mitos y leyendas de las sociedades antiguas. Él es el aedo y rapsoda de la Antigua Grecia, el juglar medieval y el cuentacuentos imperecedero que nos transmite historias moralizantes como la de Alejandro Magno sobre la igualdad, exaltando la valentía, la inteligencia y el heroísmo. El cineasta es una evolución moderna; Singh nos lo enseña en la fabulosa escena en la que el ojo de una cerradura transforma a una habitación en penumbras en una cámara oscura, mostrándonos un caballo “tarkovskiano” invertido sobre la pared; y de ese modo tan poético vemos lo que imagina Alexandria, a través de la voz en off de Roy, pero también a través de la imagen, del cine, abriéndole los ojos al viajante de butaca y al anhelante consumidor de ficción fantástica.


De izquierda a derecha: Otta Benga, Luigi, El Bandido Rojo, El indio y Charles Darwin. Los cinco personajes imaginados que se enfrentan al Gobernador Odio. Como curiosidad decir que Alexandria se imagina al personaje de El Indio de diferente manera a la intención de Roy, ya que él le está hablando de un indio de las películas del oeste.


En un momento determinado del film, Roy le pregunta a Alexandria si conoce el significado de la palabra “épico”, contestándose a sí mismo, diciendo que “significa grande y que sucede en la India”; pero buscando el significado de la palabra, descubrimos que hace referencia al género poético o al poeta que lo cultiva, narrando con tono grandilocuente las gestas heroicas de personajes míticos. Por lo tanto, y por cómo nos muestra Tarsem Singh sus películas, podemos decir que él es un poeta del celuloide, un autor épico, dedicando la mitad de su corta carrera cinematográfica a este género con películas como Immortals (2011), que trata sobre las batallas en el Olimpo de los dioses griegos, o la enésima revisión del cuento de los Hermanos Grimm Blancanieves (Mirror mirror, 2012).

En definitiva, The Fall: El sueño de Alexandria es un precioso homenaje al cine, un canto de amor a los pioneros de este arte que inventaron y entretuvieron. Al final de la película, podemos ver escenas de acción de Buster Keaton o Charles Chaplin que dejarán huella en los niños y futuros cineastas que las disfrutaron.



JMT



Vídeo introductorio a The Fall: El sueño de Alexandria
por JMT.